domingo, 13 de diciembre de 2015

Apariciones Marianas Naju, Corea

Entre los fenómenos en curso, una imagen que derrama lágrimas ha sido localizada en Corea: una imagen de la Virgen que llora desde el 30 de junio de 1985.
Todo comenzó el día dicho a las 11,50 de la noche, en Naju, a unos 350 kilómetros al sudoeste de Seúl, al sur de Kanwju (un millón de habitantes).
En casa de Julio Kim, de 40 años, y de Julia Youn, de 39. (No escribo Kim como apellido de la señora, porque, aunque están casados, en Corea conserva la esposa el apellido de soltera.) Tienen 4 hijos y son católicos desde hace poco tiempo. Tenían en su casa esta imagen de Nuestra Señora (50 cm), colocada sobre un armario.
Julia estaba enferma, deprimida, «¿Para qué tanto sufrir?» , se preguntaba.
El 29 de junio de 1985 hizo una visita a ancianos enfermos. Regresó a casa muy fatigada, pero, sin embargo, rezó el rosario. Fue entonces cuando vio brotar lágrimas de la imagen por primera vez. La noticia se propagó. Algunos días acudieron hasta tres mil personas, en un país donde no hay más que un cuatro por ciento de católicos (en rápida expansión).
La policía se inquietó. Las lágrimas fueron abundantes durante dos meses y medio, y luego empezaron a espaciarse. Julio y Julia se mudaron a un apartamento situado en el segundo piso de un edificio de cuatro plantas sin ascensor. Por consejo de la Virgen, Julia abandonó la dirección de su salón de peluquería popular, que frecuentaban las prostitutas del barrio, y recibió de la Virgen mensajes llamando a la oración, a la conversión, a la reparación, a la penitencia, así como otros especialmente dirigidos a los sacerdotes. En el siguiente enlace de Youtube tienes un video de las lacrimaciones de la estatuilla:

https://youtu.be/55PR_Ao-25U?list=PL5FDDA52C99301A0C

Las primeras lágrimas fueron lágrimas normales, pero luego brotaron lágrimas de sangre (los días 19, 20 y 21 de octubre de 1986). Una de las hijas de Julia, Teresa, entonces de nueve años, fue la primera en verlas. El 25 de octubre las lágrimas de sangre manaban mezcladas con lágrimas corrientes.
El párroco, Johan Park Hi-dong, enseñó unas fotografías del hecho en una reunión de sacerdotes. Las comentaron:
-Coloca la imagen en tu casa y se verá si continúa llorando.
Así lo hizo el 5 de noviembre de 1986, lo que supuso un gran sacrificio para Julia y para Julio. La imagen dejó de llorar.
El 2 de febrero de 1987, Raymond Spies, misionero de origen franco-belga, aconsejó al párroco:
-La imagen pertenece a la familia de Julio y Julia. Es a ella a quien la Virgen transmite sus deseos. Si no llora en la casa rectoral es porque no es ése su sitio.
El párroco consintió en devolver la imagen y, ya en casa de Julia, volvieron las lágrimas: agua y sangre. Era en febrero-marzo. El 23 de abril lloró abundantemente durante cerca de siete horas (desde el mediodía hasta las siete de la tarde); al principio, lágrimas normales, y después, al cabo de un tiempo, lágrimas de sangre.
-Rezad por los sacerdotes del mundo entero -pidió a Julia.
El objeto de su oración y de su compasión es la vida solitaria de los sacerdotes, las críticas, que soportan, el abandono en el que se les tiene.
El día 10 de mayo la Virgen lloró durante la noche, desde las 10 de la noche hasta las 8 de la mañana, en presencia de dos personas: Julia y una visitante
El 30 de junio de 1987, segundo aniversario de las primeras lágrimas, los visitantes fueron numerosos. El párroco celebró una misa, a las 11 de la noche, ante la imagen que lloraba desde hacía algunas horas. Prosiguió así durante la misa. Había 300 personas en el apartamento y en la escalera. Era molesto para los vecinos.
... Entonces se pensó en la conveniencia de buscar un terreno grande, capaz de acoger la imagen y sus numerosos visitantes. Hoy ya está adquirido. El 24 de julio de 1987 la imagen vertió lágrimas nuevamente.
-¿Por qué?
Julia responde:
-La Virgen llora porque las personas, después de haber dado señales de arrepentimiento, no perseveran, no reparan, no se mortifican y rezan poco. Ella pide que se obedezca al Papa, a los obispos, a los sacerdotes. Y sufre por los errores que invaden la Iglesia.
Los principales mensajes se refieren a la conversión y a la oración:
Rezad con fervor el rosario por la paz del mundo. Por la conversión de los pecadores.
Rezad sin cesar por los sacerdotes, que son mis hijos predilectos. Satán despliega todas sus fuerzas contra ellos. Están sometidos a tentaciones. Las ventanas de sus casas se abren sobre tres tentaciones (orgullo, codicia, lujuria). Cerrad esas ventanas. Para destruir los esfuerzos de Satanás hacen falta sacrificios y una oración perseverante. Que las familias resistan al mal. Haced revivir la santidad de las familias. Amaos los unos a
los otros. Sed uno como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son Uno. Sed humildes, permaneced unidos.
Hay demasiadas comuniones sacrílegas. Reparad los sufrimientos que padece mi Hijo. Dad a conocer la importancia de la comunión y de la confesión.
No juzguéis a los demás (Mt 7, 1). Muchos se pierden por formular juicios negativos sobre otros.
Las lágrimas, luego, se han ido espaciando. En los últimos meses:
-El 18 de agosto de 1987: lágrimas normales.
-El 15 de septiembre (fiesta de los Siete Dolores de Nuestra Señora: lágrimas de sangre).
- El 19 de octubre: nuevas lágrimas. En este día, la Virgen pide a Julia que participe en los dolores de su Hijo Jesús.
Ella acepta, pierde el conocimiento y su cuerpo queda en la posición de Jesús en la Cruz. Aparece sangre en el centro
del pie. Aquello duró cerca de hora y cuarto.
Después del 8 de diciembre, las lágrimas de la imagen continuaron hasta el 26 de diciembre a las 3 de la madrugada. Siguieron entre el 13 de enero y el 4 de febrero. Entonces cesaron hasta la primavera.
Entretanto, Julia ha tenido nuevamente los estigmas, esta vez en las manos, con efusión de sangre, el 29 de enero, y después, el 4 de febrero.
El arzobispo de Kwanju se informa con benevolencia y ha ido hasta la entrada de la cerca del terreno donde se encuentra la capilla, a la que se prefiere llamar sala de la Virgen, para no magnificarla. Aquel día, las lágrimas brotaron nuevamente.
¿Qué pensar de esta multiplicación de fenómenos asombrosos en todo el mundo, que irritan a unos y convierten a otros? Ciertamente, lo esencial es el Evangelio, la Eucaristía, los sacramentos. Las señales excepcionales del cielo son accesorias, marginales. Pero son un estimulante que, en cualquier caso, aporta sus frutos. ¿En qué medida estos fenómenos parecen más numerosos, porque las informaciones circulan hoy con más facilidad y son menos censuradas?
¿En qué medida los factores psicológicos debidos a un período inquieto, incluso turbulento, han influido en tal multiplicación? ¿O hasta qué punto esta proliferación de mensajes apremiantes obedece a una situación realmente grave? No estamos en disposición de dar a estas preguntas una respuesta precisa.

Fuerteventura, 18 de Febrero de 2015

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