En esta ocasión, en www.aparicionesvirgen.com
cruzamos el Atlántico y nos trasladamos hasta Argentina. A continuación
adjuntamos una selección de los mensajes, a mi parecer, más importantes
de los muchos recibidos por la vidente.
En San Nicolás
(cerca de Buenos Aires, en Argentina), Gladys Quiroga de Mota, madre de
familia, de 48 años, dice ver a la Virgen desde el 2 de septiembre de
1983, en el lugar llamado Campito. La Aparición se asemeja a la imagen
de Nuestra Señora del Rosario, venerada desde tiempo atrás en la
iglesia-catedral. Sonríe y se entristece. El niño que lleva en los
brazos no habla. Ella invita a la oración y a la penitencia.
El 7
de octubre pide la edificación de un santuario en el lugar de las
apariciones, cerca del domicilio de la vidente. El 13 de octubre recibe
ésta un mensaje personal, y el 15 de noviembre, el primer mensaje
destinado a ser difundido:
-Yo soy la patrona de esta región. Haz valer mis derechos. Quiero quedarme cerca de ti. El agua es una bendición.
El 17, Gladys rocía a la aparición con agua bendita, como lo había
hecho Bernadette en Lourdes y lo hizo Vicka en Medjugorje, el 26 de
junio de 1981. Igualmente, la Virgen le sonrió y pronunció palabras de
esperanza.
El 19 de noviembre de 1983, recibe un encargo:
«Tú serás un puente para la unión. Anuncia mis palabras».
El 22 de noviembre: «Pronto, quiero quedarme cerca de ti».
El 24 de noviembre Gladys tiene una visión del futuro santuario sobre
el Campito, y la Virgen le dice: «Es en este lugar donde quiero
quedarme».
El 25 de noviembre: «El Espíritu Santo es tu guía. Debes
obedecer. Yo escogí el lugar donde quiero estar. Todo depende de
vosotros» . (El singular y el plural se alternan en la locución, según
que el mensaje se dirija a Gladys solamente, o a la Iglesia y a todos
los presentes.)
El 26 de noviembre: «Mi deseo es estar entre
vosotros, para colmaros de bendiciones, de paz, de alegría, y para
acercaros al Señor, nuestro Dios».
El 27 de noviembre (primer día
de la novena a San Nicolás, patrono de la ciudad), Gladys encuentra una
imagen abandonada en el campanario. La Virgen se aparece y le dice: «Me
habían olvidado, pero aquí estoy de nuevo. Ponedme aquí. No estéis
tristes. Pronto estaré ahí. Deseo quedarme en las orillas del Paraná.
Manteneos firmes y no desfallezcáis» .
Era el día de la fiesta
litúrgica de la Medalla Milagrosa, en el mes de noviembre, mes de las
flores y de María en el hemisferio Sur.
La serie oficial de
mensajes (numerados para mayor comodidad) comienza el 17 de noviembre de
1983. Es Jesús quien comunica a Gladys el primero.
Los mensajes no fueron anotados sino desde el 17 de noviembre de aquel año. He aquí los primeros:
N.° 1 (17 de noviembre de 1983): «Regocijaos en mí, mis queridos hijos. Os esperan días gloriosos» .
Los siguientes mensajes son de la Virgen:
N.° 2 (28 noviembre 1983):
Él escucha vuestras súplicas, pero escuchad también vosotros las suyas,
obrando como buenos cristianos y escuchando su palabra (...1 No
permitáis que haya sufrido en vano su Calvario y su muerte. Resucitado,
desea que gocéis de la vida eterna. Sabed llevar vuestra cruz. Aceptadla
como él la aceptó. Leed la primera epístola de Pedro 4, 1, 2, y 7 hasta
el fin.
N.° 3 (1 diciembre 1983):
Cosecharéis lo que hayáis
sembrado. Igualmente, para lo que el Señor dispone. No perdáis el
tiempo, porque la noche llega. Aprovechad vuestro tiempo, cuando todavía
es de día. Os quiero ver trabajar por mi causa. Gloria a Dios.
Sobre la consagración, el 7 de noviembre de 1984:
¡Ah, hijos míos, quiero corazones fieles y fuertes, que no tiemblen,
que se entreguen al deseo de constatar cómo el Señor os hará vivir en
Él.
El 7 de diciembre de 1984:
Hijos míos muy queridos: cuando
los corazones cambien como han cambiado los vuestros, es obra del
Señor, que os ha dado el don de la fe. Tenéis que aumentarla, porque
Cristo da su Espíritu a todos los que se le entregan. Amén. Amén.
El 21 de septiembre de 1986:
Que la consagración sea el lazo entre vuestro corazón y el mío.
Y de entre los mensajes más recientes, el número 1.175:
Es pobre no el que no tiene pan, sino el que no tiene a Dios.
N.° 1.185 (30 mayo 1987):
Hija mía, son pocos los que disciernen la importancia de este momento
para la humanidad. Por ello pido a mis queridos hijos: vivid este tiempo
de gracia, vividlo plenamente, y no tendréis que temer la noche. Gloria
al Señor.
N.° 1.192 (6 de junio 1987), día en el que el Papa dirigió el rosario por televisión:
Hija mía: en este momento hay una gran necesidad de oración. En este
día, el Señor va a escuchar el Santísimo Rosario como si fuera mi propia
voz. Esta plegaria es mi súplica y yo la dirijo a todos los pueblos. La
oración debe brotar de un corazón bien dispuesto. Debe ser frecuente y
hacerse con amor. No la descuidéis... Es el arma que vencerá al enemigo.
N.° 1.194 (8 junio 1987):
Hija mía: en esta novena rezad
todos para que los hombres vuelvan a sentir hambre de Dios. Si esto no
sucede, el hombre se perderá irremediablemente. No hay más que una sola
posibilidad de salvarse: que el hombre se alimente de Dios. El
sufrimiento y el pecado del mundo proceden de una falta de esperanza y
de confianza en Dios. El mundo vive en tinieblas, porque no quiere ver
la luz. Loado sea el Altísimo.
El 15 de septiembre de 1987:
Reza, hija mía, para que se alivien los dolores que siente mi corazón.
El 21 de septiembre de 1987:
La juventud corre tristemente a su perdición, por la vida fácil y la
droga. Ése es el cine que el Maligno le inculca a los jóvenes: todo un
enjambre de pecados diversos los separa cada vez más de Dios. Bastaría
con que volvieran sus ojos hacia la Madre de Dios, hacia su Madre, y
Ella les encaminaría hacia Dios. Que penetren en el corazón de su Madre
para oír la voz del Señor. Yo no me escondo. Que nadie me huya. Leed
Lucas 12, 29 a 32.
El 24 de septiembre de 1987:
Son numerosos
los que, aun siendo creyentes, no se abandonan en mí. Permanecen ajenos a
to que les pido. No rezan. Les falta caridad y humildad...
El 25 de septiembre de 1987, cuarto aniversario de las apariciones:
Mi muy querida hija: hace ya cuatro años que to acompaño. Que aquí abro
mi corazón. Que aquí bendigo. Que aquí consuelo y ofrezco a toda la
humanidad el amor de mi Hijo. Sobre esta tierra escogida por Dios,
quiero tener mi morada, desde donde inundaré de amor a cada uno de mis
hijos.
El 27 de septiembre de 1987:
Hija mía, éste es el
Cristo que ama, éste es el Cristo que pide, éste es el Cristo que espera
para obrar en los corazones para su bien. Bendito sea el Señor que
quiere la conversión de su pueblo...
El 20 de octubre de 1987:
Yo no olvido nunca a mis hijos, y en este lugar es donde ellos van a
recibir mi respuesta de Madre. Aquí, en el campo raso se alzará un
santuario con presencia viva de María. No me veréis, pero mi corazón se
estremece de amor por mis hijos muy amados. Esta gran casa reunirá a mis
hijos. Ella desea unificar el rebaño y purificarlo.
El 23 de noviembre de 1987:
Mis queridos hijos, dadme la prueba de vuestro amor consagrándoos a mi
corazón responded a mi llamada y veréis con cuánta ternura os voy a
conducir. Amén. Amén.
El 25 de noviembre de 1987:
Hija mía,
todos los días 25 de mes acudís en mayor número [...] Mi acción maternal
se vuelca en mis hijos. Es la gracia de Dios la que se hace presente y
se manifiesta por su Madre. Es el amor de Dios que se hace sentir por su
Madre. Es la Misericordia la que el mismo Dios expresa...
El 5 de diciembre de 1987:
Mis queridos hijos, el licor más dulce que podéis beber es la palabra de mi Hijo. Yo la pongo al alcance de todos.
Que el alma se entregue a Dios. Que el alma se abandone en Dios. Loado sea Él. Leed Isaías 52, 6.
El 25 de enero de 1988, día de peregrinación, Nuestra Señora evoca su vida:
En el día de la Anunciación experimenté una alegría incomparable. No
comprendía y, sin embargo, mi alegría me impulsaba a pronunciar
inmediatamente el sí (...) En Navidad, después de largas horas buscando
un alojamiento, llegamos con José a aquel establo, y allí, en una noche
tan fría, nació Jesús, muy pobremente, pero abrigado por mi calor
maternal [...]. Mi hijo me colmó de gozo desde el instante mismo de su
anunciación, y me llena de gozo también ahora permitiéndome en este día
estar junto a Él, llamando a las almas a su conversión.
El 27 de enero de 1988:
Cada cosa a su tiempo: hay un tiempo para la tristeza y un tiempo para
la alegría. Hay un tiempo en el que esa alegría se pierde y otro tiempo
en que se recupera.
El 8 de febrero de 1988:
Hija mía, busco a
todos mis hijos, pobres y ricos, creyentes a incrédulos. Todos son mis
hijos. Todos me fueron confiados al pie de la Cruz de Cristo. Por eso
les pido a todos que sean humildes de corazón, con el fin de agradar al
Señor. La humildad es preciosa a los ojos de Dios. La humildad permite
al hombre sentirse muy pequeño y desear la proximidad de Dios. Mediante
la humildad, mis queridos hijos, merecéis la Gloria del Señor. Bendito
sea. Que todos tus hermanos sepan cuánto les ama la Madre. Leed Sofonías
3, 12.
Si los mensajes en este lugar argentino de San Nicolás son
generalmente agradables y optimistas, no dejan de aludir a las amenazas
que pesan sobre el mundo como consecuencia del pecado.
Dos tercios de la humanidad están corrompidos (13-IX-1986, n.° 966).
Haré que perezca en la tierra todo to que no procede del cielo (30-IX-1987), etc.
Monseñor Domingo Salvador Castagna, obispo de San Nicolás, ha nombrado
una comisión de seis sacerdotes que ha examinado los fenómenos
espirituales y los mensajes, así como un equipo de médicos, psiquiatras y
psicólogos de la Universidad de Salvador, que ya emitieron sus
conclusiones, positivas, en 1985-1986. No hallaron ningún error
doctrinal en los mensajes, ni alucinaciones ni fenómenos patológicos en
Gladys.
El obispo acoge a los peregrinos que acuden en gran
cantidad (más de 50.000) el 25 de cada mes, a la misa en la catedral.
Por la tarde se organiza una procesión desde la catedral al Campito;
a11í se celebra la santa misa, mientras numerosos sacerdotes administran
el sacramento de la penitencia. El obispo ha presidido algunas de estas
procesiones.
La curia diocesana difunde los mensajes, que se extienden por todo el país.
El 25 de enero de 1987, monseñor Castagna hizo una homilía sobre la
pedagogía de Nuestra Señora. Habló de apariciones al Papa Juan Pablo 11
con ocasión de su viaje a Argentina en aquel mismo año. A1 dirigirse
hacia Buenos Aires, el Papa rogó al piloto de su avión que sobrevolara
el Campito de San Nicolás lo más bajo posible.
El obispo ha
decidido la construcción del santuario pedido por la aparición. La
municipalidad ha donado el Campito y los donativos de los fieles afluyen
para edificar ese templo. El obispo ha colocado ya la primera piedra.
Es decir, se cuida el culto, promovido por las apariciones. Y produce
mucho fruto: conversiones, una revitalización de la oración y del
fervor, y muchas curaciones, algunas de ellas espectaculares.
También se ven señales en el sol.
Todo parece indicar que se camina hacia un reconocimiento oficial de
los hechos. Pero ¿es ello posible antes de terminarse las apariciones?
Desde el punto de vista pastoral, monseñor Castagna ha dado un hermoso
ejemplo. Cuando es tan frecuente que las apariciones sean mal acogidas y
hasta marginadas lo que genera múltiples riesgos de divisiones,
desviaciones y confusión-, el obispo de San Nicolás ha sabido canalizar
de manera fecunda la gracia concedida a su diócesis y a las diócesis
colindantes.
Yo no digo que toda aparición merezca ser tratada de
esta manera. Pero en los últimos años prevalecía la idea de que el
rechazo era la solución más razonable, convirtiendo así el hecho, a
menudo, en fuente de divisiones y desviaciones que hubieran podido ser
evitadas. Donde se ve que florece la verdadera oración, que se practica
la obediencia y que abundan los frutos, convendría acoger y dirigir a
las masas que acuden llevadas por un impulso interior. Sería el medio
más eficaz de prevenir los extravíos de la debilidad humana.